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El «Efecto Tango» y la Resiliencia Chilena: CCU enfrenta un inicio de año de contrastes

La Compañía de Cervecerías Unidas (CCU) ha inaugurado el ejercicio contable de 2026 con un balance de marcados contrastes, donde la solidez de su mercado matriz en Chile ha servido de contrapeso ante el complejo escenario que atraviesan sus operaciones en Argentina y el sector vitivinícola. Según los estados financieros presentados para el primer trimestre, la firma ligada a la familia Luksic reportó utilidades por US$ 58 millones, cifra que representa una disminución del 7% en comparación con los US$ 62 millones obtenidos en el mismo periodo del año anterior. Este retroceso en las ganancias se produce en un contexto de ventas prácticamente estables, las cuales alcanzaron los US$ 884 millones, reflejando una resiliencia operativa que, no obstante, se vio erosionada por el incremento material en los costos de producción derivados de los conflictos geopolíticos globales y las persistentes presiones inflacionarias.

​El motor de crecimiento para el gigante de las bebidas estuvo concentrado exclusivamente en el territorio nacional, donde el EBITDA experimentó un salto del 13,7%. Este desempeño positivo en Chile se vio impulsado por un incremento del 3,9% en el volumen de ventas, apalancado principalmente por el segmento de bebidas no alcohólicas —aguas y jugos— que crecieron en un dígito alto. Asimismo, la compañía destacó una notable adaptabilidad a las nuevas preferencias del consumidor, logrando tasas de crecimiento de doble dígito en productos de bajo contenido alcohólico, saborizados y la categoría «ready to drink», compensando así la ligera caída en los volúmenes de cervezas y licores tradicionales.

​Sin embargo, la realidad al otro lado de la cordillera y en las bodegas de exportación empañó el balance consolidado. El negocio internacional, lastrado por la situación económica en Argentina, registró una caída del 18,6% en su EBITDA, con una baja tanto en volúmenes como en precios promedio, lo que evidencia las dificultades de traspasar costos a precios en un mercado con consumo deprimido. Peor suerte corrió el segmento de vinos, cuyo EBITDA se desplomó un 50,1%. Esta crisis en la división vitivinícola responde a una contracción generalizada de la industria, afectando tanto al mercado doméstico como a las exportaciones, estas últimas castigadas además por la apreciación del peso chileno frente al dólar, lo que redujo el margen de retorno por cada caja enviada al exterior.

​De cara al resto del año, CCU ha reafirmado su compromiso con su Plan Estratégico 2025-2027, el cual se sostiene sobre los pilares de rentabilidad, crecimiento y sustentabilidad. La dirección de la empresa ha subrayado que la prudencia será la norma para navegar la actual coyuntura económica mundial, enfocándose en la gestión de ingresos y la eficiencia operativa para mitigar los efectos de la volatilidad cambiaria y el encarecimiento de los insumos. A pesar de la caída en la última línea del balance, la estabilidad de su EBITDA consolidado y el dominio del mercado local sugieren que la firma apuesta a una estrategia de resistencia a la espera de una normalización en el consumo regional y una mejora en los precios internacionales de su oferta premium.

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