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“Falabella abre una nueva etapa sin pacto de controladores: se avecina reordenamiento del directorio en 2026”

La gobernanza de Falabella entró en un punto de inflexión tras el término del histórico pacto de accionistas que unió por 22 años a siete familias controladoras —Amalfi (Cardone), Auguri (Karlezi Solari), Bethia (Heller Solari), Corso (Cortés Solari), Dersa (Del Río Goudie), HCQ (Cúneo Solari) y San Vitto (Solari Donaggio)—, acuerdo que expiró el 1 de julio de 2025 y no será renovado. La disolución fue informada a la autoridad y a los mercados, y marca el paso desde un esquema con grupo controlador a otro de mayor competencia entre bloques accionariales y con más espacio para minoritarios relevantes.

El fin del pacto libera a las familias para comprar o vender sin las restricciones previas y abre una etapa de “construcción de mayorías” de cara a la renovación total del directorio en abril de 2026. En esta puja podrían ganar influencia nuevos actores como las familias Müller y Fürst, que ya suman participaciones que, en conjunto, les permitirían postular un representante a la mesa en el próximo recambio. También se ha visto movimiento de los grupos tradicionales reforzando posiciones tras el 1 de julio. Todo ello anticipa una acción más volátil y un año y medio de alianzas y contención de riesgos hasta la elección.

Hoy el directorio de Falabella está compuesto por nueve miembros —con Enrique Ostalé como presidente— y dos independientes (Andrés Roccatagliata y Germán Quiroga), además de comités de Directores, Compensación y Talento, y Estrategia. Este entramado será el terreno donde se refleje cualquier nuevo equilibrio accionario: cambios en la presidencia, reconfiguración de comités y, sobre todo, en la intensidad del control estratégico sobre las filiales. La página de gobierno corporativo de la propia compañía detalla este diseño y sus obligaciones bajo la ley chilena.

¿Cómo puede incidir este reordenamiento en la “constitución” (estatutos y práctica de gobierno) y el desarrollo futuro? Primero, al no existir pacto, el peso relativo de AFP e inversionistas institucionales crece: su voto coordinado puede definir independientes, composición de comités y prioridades de supervisión, desde capital allocation hasta metas ESG. Segundo, la mesa 2026 podría cristalizar visiones estratégicas hoy en debate —por ejemplo, qué hacer con Brasil o cuánto acelerar la expansión en México—, discusiones que la prensa económica viene registrando desde 2024 y que, sin un bloque único, dependerán de cómo se armen las mayorías. Tercero, la competencia por escaños probablemente eleve la “prima” por credenciales digitales, eficiencia de capital y control de riesgos, aspectos que ya vienen recibiendo atención en el board y en sus evaluaciones anuales.

Este rediseño de poder ocurre, además, en un momento de resultados en recuperación —con mejora de utilidades y márgenes en el primer semestre y segundo trimestre de 2025—, lo que le otorga a Falabella un “colchón” para ejecutar ajustes de portafolio y priorizar proyectos sin la presión de una crisis inmediata. Sin embargo, esa misma mejora eleva la vara de lo que accionistas esperarán de la nueva mesa en 2026: foco en crecimiento rentable, disciplina financiera y claridad sobre geografías y formatos donde la compañía tendrá ventajas sostenibles.

Qué mirar de aquí a abril de 2026: (1) compras y ventas de bloques por parte de familias y nuevos minoritarios relevantes; (2) señales sobre continuidad o cambios en la presidencia del directorio y en los comités clave; (3) eventuales definiciones sobre Brasil y México; y (4) el rol de institucionales en la nominación de independientes. Los próximos nueve meses serán, en los hechos, la “campaña” por el nuevo directorio de Falabella.

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