A medida que avanza la implementación de la Ley Celíaca en Chile, comienza a instalarse con fuerza una preocupación dentro del mundo del retail: el eventual desplazamiento de los productos sin gluten hacia espacios segregados dentro de las salas de venta, lo que podría afectar directamente su visibilidad y desempeño comercial.
Distintas voces del sector han puesto sobre la mesa un punto crítico: si bien la normativa exige que estos productos se ubiquen en zonas diferenciadas, esto podría traducirse en una menor exposición frente al consumidor general, limitando su alcance más allá del público estrictamente celíaco.
De categorías masivas a espacios aislados
Actualmente, muchos productos sin gluten conviven dentro de categorías tradicionales —como pastas, snacks o galletas—, lo que les permite competir en igualdad de condiciones y captar compras por impulso.
Con la nueva normativa, el escenario cambia: estos productos tenderían a concentrarse en espacios específicos, reduciendo su presencia en los pasillos principales.
Este cambio afectará significativamente a los proveedores de estos productos. En el retail moderno, la ubicación dentro de la sala es clave para la rotación, y salir del flujo principal de clientes puede implicar:
Menor visibilidad frente al consumidor promedio
Caída en ventas por impulso
Reducción en la penetración de productos sin gluten
Mayor percepción de nicho o especialidad
Un retroceso en la masificación
Uno de los efectos más relevantes que se advierten es un posible retroceso en el proceso de masificación que han logrado estos productos en los últimos años.
El crecimiento de la categoría no solo ha estado impulsado por personas con celiaquía, sino también por consumidores que buscan alternativas más saludables o diferenciadas.
En ese contexto, sacar estos productos del flujo habitual podría frenar esa tendencia, devolviéndolos a un segmento más reducido.
El verdadero impacto: experiencia de compra y decisión del consumidor
Más allá de los aspectos técnicos de la normativa, el foco del debate se ha trasladado hacia la experiencia de compra.
En la práctica, el consumidor toma decisiones en segundos, influenciado por lo que ve en góndola. Si un producto pierde presencia visual, simplemente deja de ser considerado, independiente de sus atributos.
Por ello, el impacto de la ley no solo será operativo, sino también profundamente comercial:
menos visibilidad puede traducirse directamente en menos ventas.
El escenario que se abre obliga a supermercados y proveedores a repensar sus estrategias:
¿Cómo mantener presencia sin estar en las categorías principales?
¿Qué rol jugará la señalización dentro de sala?
¿Se deberán reforzar estrategias digitales y omnicanal?
La discusión ya no está centrada en la norma en sí, sino en sus efectos prácticos sobre el comportamiento del consumidor y la dinámica del retail.
Pregunta de cierre:
¿Está preparada la industria para evitar que los productos sin gluten pierdan protagonismo en las góndolas, o esta normativa terminará reduciendo su alcance en el mercado masivo?