De acuerdo con el último Índice elaborado por el Departamento de Estudios de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Chile (CNC), las ventas presenciales del comercio minorista en la Región Metropolitana registraron una caída real anual de 1,8% durante el mes de abril. Con este resultado, el sector cierra los primeros cuatro meses del año en curso con una contracción acumulada en el margen de 0,9%, consolidando una tendencia levemente negativa en los últimos cuatro trimestres móviles. Por su parte, al analizar el indicador bajo el término de locales equivalentes, se evidenció una baja de 0,6% real anual en el cuarto mes del año, aunque mantiene un saldo positivo de 1,2% en el acumulado cuatrimestral.
Los resultados observados continúan dando cuenta de un escenario de consumo debilitado y restrictivo, donde el comercio minorista presencial mantiene un desempeño acotado. Según explican los analistas del organismo técnico, parte de este comportamiento responde a bases de comparación exigentes debido al dinamismo que experimentaron ciertas categorías durante el año 2025; sin embargo, también es reflejo de una moderación mucho más estructural en las decisiones de gasto de los hogares chilenos. En este entorno, los consumidores han optado de forma evidente por priorizar las compras de carácter esencial, postergando de manera sistemática la adquisición de bienes durables o artículos de mayor valor comercial.
A nivel macroeconómico, el periodo estuvo fuertemente condicionado por un repunte en las presiones inflacionarias locales. La inflación del mes anotó una variación mensual de 1,3%, posicionándose como la cifra más alta registrada desde julio de 2022, lo que elevó el indicador acumulado en lo que va del año a un 2,7% y la variación anual a un 4,0%. Esta aceleración en los precios ha vuelto a tensionar el presupuesto real de las familias chilenas, impactando de manera directa en su capacidad de compra y deprimiendo el consumo de categorías no esenciales o recreativas.
De forma paralela, las expectativas y la confianza de la ciudadanía experimentaron un marcado deterioro. El Índice de Percepción de la Economía, desarrollado por la consultora GFK, anotó un desplome de 9,4 puntos durante el mes, reflejando una postura profundamente pesimista sobre la coyuntura económica actual y los escenarios futuros a doce meses y cinco años. Asimismo, las proyecciones específicas para el consumo de artículos del hogar retrocedieron 8,4 puntos, lo que deja en manifiesto una menor disposición a realizar desembolsos importantes y refuerza un patrón de conducta prudente, contenido y altamente sensible a los precios, ofertas y facilidades comerciales.
Al desagregar el comportamiento de las ventas por categorías, se observa una fuerte disparidad sectorial. El rubro de vestuario figuró como la excepción más dinámica del mes, anotando un crecimiento real anual de 4,4% en abril y acumulando un alza de 6,9% en el primer cuatrimestre, impulsado principalmente por los segmentos de vestuario femenino e infantil, que crecieron un 11,5% y 10,6% respectivamente. En la vereda opuesta, el calzado sufrió una severa contracción del 12,5% real anual en abril, cerrando el periodo enero-abril con una baja neta del 4,6%. Por su parte, la categoría de artefactos eléctricos arrojó un saldo negativo muy acentuado, contrayéndose un 10,1% real anual en abril debido principalmente al desplome del 28,6% en la división de electrónica, la cual se vio afectada por una base comparativa muy alta respecto al año anterior. En contraste, las líneas de hogar y muebles mostraron variaciones positivas marginales de 0,7% y 0,4% respectivamente, aunque ambas arrastran saldos rojos en el balance acumulado de los primeros cuatro meses del año. Finalmente, la línea tradicional de supermercados reportó una caída del 0,9% real anual en sus ventas de abril, presionada por contracciones tanto en el segmento de abarrotes como en productos perecibles, lo que confirma que el debilitamiento del gasto familiar ha comenzado a rozar incluso a los sectores de consumo cotidiano