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Coca-Cola Andina consolida su crecimiento en 2025 y proyecta un futuro optimista en la región

El buen momento que vive Coca-Cola Andina no solo quedó reflejado en sus resultados financieros, sino también en el tono de su estrategia hacia adelante. En su última carta a los accionistas, su presidente, Gonzalo Said, puso énfasis en una idea que hoy atraviesa a toda la industria: la estabilidad —aunque aún frágil— comienza a abrir oportunidades reales de crecimiento en América Latina.
El 2025 fue un año de contrastes para la compañía, marcada por distintos ritmos económicos en los países donde opera: Chile, Argentina, Brasil y Paraguay. Sin embargo, el balance final fue positivo. La embotelladora cerró el ejercicio con un volumen de ventas cercano a las 945,8 millones de cajas unitarias, lo que significó un crecimiento de 4,1% respecto al año anterior, impulsado principalmente por el dinamismo de Brasil y Argentina, pero también con señales de avance en Chile.
A nivel financiero, los resultados confirman esa tendencia. La compañía registró utilidades por $268.697 millones, lo que representa un alza de 15,5% en comparación con 2024, junto con ingresos que superaron los $3,3 billones, consolidando un desempeño sólido.
En el mercado chileno, el escenario sigue siendo más moderado, aunque con señales de mejora. La propia compañía reconoce que la recuperación ha sido gradual, en línea con una economía que comienza a estabilizarse, pero que aún enfrenta limitaciones en crecimiento y consumo. Aun así, Chile sigue siendo un mercado clave dentro de la operación regional, no solo por volumen, sino también por su rol estratégico en innovación y desarrollo de nuevas categorías.
Uno de los hitos relevantes del año fue la renovación del acuerdo de distribución con AB InBev, lo que refuerza la apuesta de Andina por consolidarse como una “compañía total de bebidas”, ampliando su portafolio más allá de las bebidas gaseosas tradicionales. A esto se suma la entrada en operación de una nueva planta de cervezas en Brasil, con una inversión cercana a los US$90 millones, que marca un paso relevante en la diversificación del negocio y en la búsqueda de nuevas fuentes de crecimiento.
Este enfoque no es aislado. De hecho, la compañía ya había delineado planes de inversión ambiciosos en la región, incluyendo montos que superan los US$1.000 millones en el mediano plazo, con foco en capacidad productiva, logística y transformación digital. En paralelo, el avance de sus plataformas digitales y el uso de tecnología han sido claves para sostener el crecimiento y adaptarse a nuevos hábitos de consumo.
En este contexto, el mensaje de Gonzalo Said apunta a una mirada de largo plazo. La empresa ve con optimismo los mercados donde participa, apoyada en señales de mayor estabilidad macroeconómica e institucional. Pero ese optimismo no es pasivo: viene acompañado de una estrategia clara basada en eficiencia operativa, sostenibilidad y fortalecimiento de sus capacidades internas.
La agenda futura incluye profundizar iniciativas de reciclaje y retornabilidad, reducir la huella hídrica y energética, y promover el consumo responsable, en línea con las exigencias de consumidores cada vez más conscientes y regulaciones más estrictas.
Así, Coca-Cola Andina no solo cierra un buen año, sino que se posiciona para una nueva etapa en la industria de bebidas, donde la diversificación, la sostenibilidad y la adaptación al entorno serán determinantes.