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Electrolux pone fin a la fabricación de Fensa en Chile y acelera giro hacia importaciones

La multinacional sueca Electrolux decidió cerrar definitivamente su operación manufacturera en Chile, poniendo fin a la producción local de sus marcas tradicionales como Fensa, Mademsa y Somela, para pasar a un modelo completamente basado en importaciones.
La medida implica el cierre de su planta ubicada en Maipú a partir del 30 de abril, lo que afectará directamente a unos 400 trabajadores. Según lo informado por la compañía, la decisión responde a un escenario cada vez más competitivo, donde los costos y la eficiencia global se vuelven determinantes para sostener la operación en el tiempo.
Con este cambio, la firma dejará atrás el modelo mixto que mantenía hasta ahora —donde cerca del 70% de su portafolio ya era importado— para avanzar hacia un abastecimiento 100% internacional, alineado con su estructura global.
El cierre no significa la salida de la compañía del país. Electrolux mantendrá su presencia en Chile a través de operaciones comerciales, logísticas y de servicio técnico, reforzando un esquema centrado en la distribución más que en la producción.
La decisión, sin embargo, marca un punto de inflexión en la historia industrial de Fensa, una marca emblemática que nació en Valparaíso a comienzos del siglo XX y que durante décadas fue sinónimo de fabricación nacional de electrodomésticos. Su planta en Maipú no solo fue clave en la producción de cocinas, refrigeradores y lavadoras, sino también un símbolo del desarrollo industrial chileno.
Este proceso no es completamente nuevo. Ya en 2019 la compañía había iniciado un repliegue productivo al cerrar la fabricación local de refrigeradores, apostando por importaciones en esa categoría mientras mantenía otras líneas activas en el país. Hoy, esa transición se completa con el fin total de la manufactura.
Desde la empresa aseguran que habrá planes de acompañamiento para los trabajadores afectados, incluyendo programas de recolocación laboral, apoyo al emprendimiento y asistencia psicológica, en un intento por mitigar el impacto social de la medida.
Más allá del caso puntual, el cierre refleja una tendencia más amplia: la progresiva pérdida de capacidad manufacturera local frente a cadenas de suministro globalizadas, donde la escala y los costos logísticos juegan un rol decisivo. En este contexto, Chile continúa consolidándose como un mercado de consumo más que de producción en varias categorías industriales.
El fin de la fábrica de Fensa no solo cierra una planta, sino también un capítulo relevante de la industria nacional. La pregunta que queda abierta es si este tipo de decisiones seguirá profundizando la dependencia de productos importados o si abrirá espacio para nuevas formas de desarrollo industrial en el país.