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Estudio revela que el consumo de queso podría reducir hasta en un 25% el riesgo de obesidad

Investigaciones recientes sitúan a este alimento en el centro del debate nutricional, al evidenciar que su consumo regular, dentro de una dieta equilibrada, podría estar asociado a menores niveles de obesidad y a diversos beneficios para la salud metabólica.
En el marco del Día Mundial del Queso, un nuevo estudio volvió a poner en discusión uno de los alimentos más tradicionales de la dieta: el queso. Lejos de la percepción histórica que lo vinculaba principalmente a un alto contenido de grasa, la evidencia más reciente sugiere que su consumo habitual podría tener efectos positivos en la salud, particularmente en relación con el peso corporal.
De acuerdo con investigaciones desarrolladas en Chile y publicadas en revistas científicas internacionales, las personas que consumen queso de manera regular presentan hasta un 25% menos de probabilidades de ser obesas en comparación con quienes no lo incluyen en su dieta. Este hallazgo se mantuvo incluso al considerar variables como edad, nivel socioeconómico y estilo de vida, lo que refuerza la consistencia de la asociación observada.
El fenómeno no es aislado. Otros estudios en población chilena han llegado a conclusiones similares, indicando que el queso sería el único lácteo con un efecto protector claro frente a la obesidad, a diferencia de productos como la leche o el yogur, que no mostraron la misma relación. En términos simples, quienes mantienen un consumo moderado y frecuente de queso tienden a presentar un mejor estado nutricional.
Entre las razones que explican este comportamiento, los especialistas apuntan a la composición del queso. Se trata de un alimento rico en proteínas, calcio y compuestos bioactivos que favorecen la saciedad, ayudan a regular el metabolismo y pueden mejorar la respuesta a la insulina. Además, su estructura alimentaria y proceso de fermentación tendrían un rol relevante en la forma en que el organismo procesa sus grasas.
A esto se suman otros beneficios que han comenzado a observarse en distintas investigaciones internacionales, como su posible impacto en la microbiota intestinal o incluso en la salud cognitiva, ampliando la mirada sobre el rol de los lácteos en la alimentación diaria.
Sin embargo, los expertos coinciden en que estos efectos están directamente relacionados con un consumo responsable. El queso no es un alimento milagro, sino un componente que puede aportar valor dentro de un patrón alimentario equilibrado, acompañado de actividad física y otros hábitos saludables.
En ese contexto, el renovado interés por este producto abre una discusión relevante en torno a cómo ciertos alimentos, históricamente cuestionados, están siendo reevaluados a la luz de nueva evidencia científica, invitando a revisar creencias instaladas sobre nutrición y salud.