La industria mundial de bebidas alcohólicas atraviesa un ajuste profundo. Tras el auge vivido durante la pandemia —cuando el consumo en el hogar impulsó ventas históricas— hoy el escenario es distinto: la demanda se desacelera, el consumidor modera su gasto y los inventarios de licores añejos alcanzan niveles que no se veían en más de una década.
Los cinco mayores grupos cotizados del sector —Diageo, Pernod Ricard, Campari, Brown-Forman y Rémy Cointreau— acumulan en conjunto alrededor de US$ 22.000 millones en inventarios de licores en maduración, según reportes financieros internacionales. Se trata principalmente de categorías de alta graduación y largo envejecimiento como whisky y coñac, cuya producción se planifica con años de anticipación y hoy enfrenta una demanda que no responde al ritmo previsto.
El caso de Rémy Cointreau es ilustrativo: su inventario en maduración supera los 1.800 millones de euros, cifra que equivale a casi el doble de sus ingresos anuales. En paralelo, Diageo ha visto aumentar el peso de sus inventarios respecto de sus ventas en los últimos ejercicios fiscales, reflejo de una presión estructural más que coyuntural.
Lo que ocurre no es simplemente un ciclo bajo. Hay factores más profundos. En Estados Unidos, el consumo per cápita de alcohol ha retrocedido a niveles históricamente bajos. Las nuevas generaciones beben menos que sus antecesores, priorizan el bienestar, la actividad física y el autocuidado, y muestran mayor interés por alternativas con bajo o nulo contenido alcohólico. A esto se suma el impacto cultural de medicamentos para la pérdida de peso y una narrativa de salud pública que ha ganado terreno en los últimos años.
La consecuencia directa es un ajuste en la producción. En Estados Unidos, particularmente en Kentucky —epicentro del bourbon— los inventarios de barriles envejecidos se encuentran en máximos históricos. Algunas destilerías han anunciado pausas temporales en sus líneas productivas para evitar seguir acumulando stock. La industria, que expandió capacidad anticipando una demanda sostenida, hoy enfrenta la complejidad de gestionar producto inmovilizado por años.
En paralelo, los precios comienzan a corregirse. Durante la pandemia, ciertas etiquetas premium alcanzaron valores récord impulsadas por el consumo en el hogar y la menor disponibilidad en el canal on premise. Hoy la presión por liberar inventario genera promociones, ajustes de precios y mayor competencia en góndola, especialmente en mercados desarrollados.
El fenómeno también golpea con fuerza al coñac. Las exportaciones francesas han mostrado caídas relevantes en los últimos trimestres, afectadas por menor demanda en Estados Unidos y Asia. El tequila, que vivió un boom sostenido durante la última década, también enfrenta una desaceleración con acumulación significativa de inventarios en México. No se trata de un colapso del mercado, sino de una corrección tras varios años de expansión acelerada.
En Chile, el comportamiento replica la tendencia internacional. En supermercados —canal que concentra cerca del 48% de las ventas según estudios de mercado recientes— la canasta total de destilados cerró 2025 con crecimiento plano en valor y caída en volumen. Categorías tradicionales como coñac y whisky retrocedieron tanto en unidades como en volumen, mientras el pisco y el ron también mostraron descensos. Incluso la cerveza y el vino evidenciaron ajustes en volumen, confirmando que el fenómeno trasciende a los destilados de alta graduación.
Sin embargo, no todo es contracción. El gin ha mostrado un crecimiento destacado en el mercado chileno, consolidando su posicionamiento entre consumidores más jóvenes y urbanos. A esto se suma el buen desempeño de los formatos ready to drink (RTD) y cócteles preparados, que crecen a doble dígito en unidades y se benefician de una menor graduación alcohólica, conveniencia y percepción de consumo más moderado.
A nivel global, las bebidas “no and low alcohol” proyectan crecimientos relevantes hacia 2027, consolidando una categoría que hace una década era marginal. Las grandes multinacionales ya están invirtiendo en innovación dentro de este segmento, entendiendo que el futuro no pasa necesariamente por vender más alcohol, sino por diversificar el portafolio hacia propuestas alineadas con nuevas expectativas de consumo.
La industria de licores enfrenta así un punto de inflexión. La expansión basada en premiumización y volumen sostenido dio paso a un escenario de ajuste donde la gestión de inventarios, la disciplina financiera y la innovación serán claves. El consumidor no ha dejado de beber, pero sí ha cambiado la forma y la frecuencia con que lo hace. Y ese cambio, más estructural que transitorio, obliga a repensar el modelo completo del negocio.
FUENTE: DIARIO FINANCIERO