El gigante suizo Nestlé anunció esta semana un cambio estratégico profundo en su modelo de negocios global, que implicará retirarse por completo del mercado de los helados y reducir su presencia en el de agua embotellada, mientras concentra sus recursos en cuatro grandes áreas que considera más rentables y con mayor potencial de crecimiento. La decisión fue comunicada durante la presentación de los resultados financieros de 2025 y forma parte de una reestructuración liderada por su nuevo director ejecutivo, Philipp Navratil, quien asumió el cargo a fines de 2025 con la misión de revitalizar el desempeño de la compañía en un contexto de resultados por debajo de lo esperado y un panorama económico difícil.
Nestlé explicó que se enfocará en las divisiones de café, comidas y snacks, alimentos para mascotas y nutrición, líneas que, según la empresa, representan cerca del 70 % de sus ingresos globales y donde se concentra la mayor parte de su crecimiento futuro. En contraste, los negocios de helados y agua embotellada ya no encajan en su estrategia de “portafolio simplificado”, por lo que ha iniciado conversaciones para vender su participación restante en el negocio de helados gestionado en conjunto con el fondo PAI Partners a través de la sociedad conjunta Froneri, en la que Nestlé mantendría algún vínculo pero cedería la gestión operativa.
El segmento de helados, que incluye marcas históricas y populares como Häagen-Dazs y Maxibon, ha sido parte del grupo durante décadas y tiene presencia en múltiples regiones del mundo, desde América hasta Asia. Sin embargo, para los analistas y directivos de Nestlé, su tamaño y ritmo de crecimiento no justifican la complejidad adicional que implica mantenerlo dentro de una cartera diversificada que busca mayor rentabilidad y enfoque en categorías líderes.
En cuanto al negocio de agua embotellada y bebidas premium, la compañía ha dado pasos similares: ha comenzado a explorar la desconsolidación de esa división, que incluye marcas internacionales como Perrier y San Pellegrino, con la intención de completar la transición hacia 2027. Aunque representa una porción marginal de los ingresos totales —alrededor del 3,5 % según datos citados por medios europeos—, su salida responde a la filosofía de centrarse en negocios más estratégicos y con mayor impacto en la cuenta global.
El anuncio fue acompañado por la revelación de que la empresa cerró el año 2025 con resultados financieros por debajo de lo esperado, con una caída del 17 % en el beneficio neto y un retroceso en las ventas reportadas, en un entorno marcado por cambios en los hábitos de consumo, presiones de costos y desafíos macroeconómicos. Ese desempeño, junto con crisis de reputación en los últimos años por problemas sanitarios vinculados a algunos productos, ha impulsado a la directiva a tomar medidas que mejoren la eficiencia operativa y el enfoque estratégico de la compañía.
Los expertos del sector señalan que la salida de Nestlé de segmentos tradicionales como los helados y el agua embotellada refleja una tendencia más amplia en la industria de bienes de consumo: las grandes compañías están desinvirtiendo en categorías que generan menores márgenes o requieren inversiones constantes sin retornos claros, para concentrarse en áreas con mayor crecimiento estructural y una propuesta de valor más sólida para el consumidor moderno.
Para los mercados donde Nestlé ha operado con fuerza en estas categorías, la transición también abre oportunidades para competidores locales y regionales que buscan ganar participación en segmentos antes dominados por marcas globales. Mientras tanto, dentro de la propia estructura de Nestlé, la reorganización se acompaña de un plan de ahorro de costos significativo que incluye recortes de personal y simplificaciones administrativas, reflejando la presión adicional sobre la empresa para mejorar sus márgenes en un entorno competitivo complejo.