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Dos años sin ventas y ahora una alianza con carozzi: el camino de Ok to Shop

Sebastián Wilson aprendió a programar por su propia cuenta a los 14 años. Al poco tiempo ese talento lo convirtió en su fuente de ingresos y desarrollaba páginas web para pagarse los estudios. Al egresar, tuvo tres emprendimientos, el primero, una red social con Daniel Daccarett, se llamaba Tip2U y fracasó. El segundo, fue una empresa de desarrollo de software de CRM analítico, se llama Luminux y vendió su participación a sus socios. Tras salir de ahí, se dedicó a desarrollar software a medida.
Estaba en eso, relata, cuando por una coincidencia salió una idea de negocio. “Soy vegano hace años, y en general los programadores no tenemos buenos hábitos ni de sueño ni de alimentación. Un día estaba atrasado con una entrega y necesitaba cocinar algo rápido. Fui a la tienda de la esquina y me compré una sopa instantánea de vegetales. Cuando llegué a mi casa y empecé a comérmela le sentí un sabor raro, como a vencido, pero estaba bien la fecha. Seguí mirando, y descubrí que la sopa supuestamente de vegetales tenía además caldo de pollo”, recuerda.
Indignado, y con sentimiento de que había sido estafado, el ingeniero pensó: “¿Será un problema que le afecta a mucha gente?”. Descubrió que más de un tercio de la población en Chile tiene algún tipo de restricción o preferencia alimentaria y “se espera que esa cifra alcance la mitad de la población en 10 años”, asegura. Era finales de 2018.
Pasó el verano y en marzo de 2019 Wilson asistió a una clase organizada por los fundadores de Cornershop y Fintual en la Universidad de Chile (llamada La Clase). En la primera sesión, Juan Pablo Cuevas (Cornershop) “dijo algo que me marcó mucho, ‘si realmente quieres cambiar el mundo con una startup tienes que hacer sólo una cosa y dedicarle toda la energía posible’”.
Al emprendedor ya le rondaba la idea de hacer una aplicación para mapear todos los ingredientes de los alimentos, pero no se atrevía a lanzarse. Aunque tenía un propósito claro que era mejorarle la vida a las personas con preferencias alimentarias, le estaba yendo bien desarrollando software a la medida.
En abril de 2019 se lanzó. Constituyó la empresa y nació Ok to Shop. Los primeros seis meses desarrolló el producto, que básicamente consistía en un repositorio de alimentos con sus ingredientes, tablas nutricionales, etcétera. Se llevó una sorpresa, cuenta, cuando trató de descargar una base de datos con toda la información de los alimentos en Chile, y no la encontró. “Fueron tantos quienes me decían que les encantaría tenerla que pensé que ese podría ser el negocio, una base de datos actualizada para venderle a las empresas y que éstas puedan hacer estudios de mercado o bien enriquecer las fichas de sus productos”.
Salieron al mercado en la feria Food Service a finales de septiembre de ese mismo año y dos semanas después “nos llevamos la primera sorpresa, estallido social”, recuerda. Se vandalizaron supermercados, y las prioridades del retailer claramente eran otras. Al poco tiempo llegó la pandemia, “fue un timing pésimo, no podíamos venderle a nuestros potenciales clientes”, cuenta. Eran seis personas en el equipo, todas financiadas por Wilson. Así, “los primeros dos años estuvimos bootstrappeando, quemando mis ahorros y recurriendo a préstamos familiares. Fueron años bastante rudos”, confiesa el emprendedor. Él no tenía sueldo.

FUENTE: DIARIO FINANCIERO