En los últimos años, los costos logísticos –y especialmente los de transporte– han venido aumentando sostenidamente debido a diversos factores: alza del sueldo mínimo, encarecimiento de la formalidad, mayores peajes y, sobre todo, el incremento del precio del combustible.
En una compañía, y más aún en el retail, el gasto logístico suele ser la primera o segunda partida más alta, lo que lo convierte en un foco constante de atención en las mesas directivas. Existen múltiples indicadores para medir la eficiencia, como el costo por m³ o por pedido, pero el que finalmente impacta en los estados de resultados es el gasto logístico sobre la venta. Y este depende de variables como rutas, frecuencia de despachos, destinos, mix de categorías o políticas de inventario.
Los retos para contener estos costos son enormes. Aunque los gerentes de logística pueden implementar acciones técnicas, tácticas y estratégicas para optimizar la operación, es muy difícil revertir por completo el efecto de factores externos como el combustible. Ante ello surge la necesidad de pensar distinto: pasar de una mirada individual a una mirada colaborativa.
El transporte en muchos sectores se comporta como un commodity: distintas compañías contratan servicios para llegar, muchas veces, al mismo destino. ¿Por qué no compartir un mismo camión para optimizar la carga y reducir costos? A esta práctica se le conoce como freight pooling, y aunque en el mundo existen casos exitosos, en Latinoamérica aún es un desafío pendiente.
En 2023, durante mi paso por Grupo Efe (Tiendas Efe, La Curacao, Motocorp y Juntoz.com), inicié un camino para explorar sinergias logísticas con otras compañías dispuestas a compartir transporte. Esa búsqueda dejó en evidencia seis grandes retos:
- Costeo: establecer precios dinámicos y transparentes para cada espacio en el camión.
- Rutas: evaluar impactos de sumar nuevos destinos sin afectar tiempos ni costos.
- Primera milla: definir quién asume la recogida de la carga, un factor que suele romper acuerdos.
- Tecnología: contar con trazabilidad y visibilidad de la carga en todo el proceso.
- Responsabilidad: incluir seguros y alinear transportistas como parte del ecosistema.
- Transparencia: evitar especulaciones y fomentar intercambio real de información.
El transporte colaborativo es una apuesta de mediano plazo: requiere construir confianza, ejecutar pilotos, ajustar operaciones internas y crear modelos de relación que evolucionen constantemente. La clave está en entender que todos ganan: empresas, operadores y transportistas.
El mundo ya nos muestra ejemplos:
- Procter & Gamble y Tupperware (Europa): reducción de 15% en kilómetros recorridos y 20% en emisiones.
- Nestlé y PepsiCo (Reino Unido): flotas compartidas que evitaron rutas vacías.
- Pallet Parking (Chile): bodegas on demand para aprovechar capacidades subutilizadas.
- CHEP Collaborative Transport Solutions: plataforma que conecta oferta y demanda logística con analítica e IA.
La colaboración logística no solo reduce costos, sino que optimiza entregas, fortalece alianzas, disminuye inventarios, impulsa nuevas tecnologías y abre paso a modelos emergentes como logistics as a service. La pregunta no es si llegará, sino cuándo estaremos preparados para construirlo.
Estaban Benavente es Columnista de Supermercado al Día desde Perú
Esteban Benavente es especialista en Supply Chain y Operaciones con más de 10 años de trayectoria en empresas líderes de Latinoamérica como Grupo EFE, Falabella, Ripley Chile, Ripley Perú, Rappi y Linio. Ha liderado la gestión integral de la cadena de suministro con mucho enfoque en diseño de redes de distribución, logística ecommerce, tecnología logística, eficiencias y experiencia del cliente.